Más ocuparse o pre-ocuparse y menos preocuparse

Habitualmente nuestra mente está ocupada en infinidad de temas, afanándose nuestras neuronas en establecer miles de interconexiones de cara a interpretar y valorar la realidad que vivimos y a actuar en consecuencia. Muchas de nuestras actuaciones se relacionan con situaciones habituales que vivimos a menudo y que, por tanto, interpretamos y valoramos de forma parecida, pasando a la acción de forma automática. Casi sin pensar nos ocupamos directamente de la situación.

Otras muchas veces nos enfrentamos a situaciones que no tenemos tan claro cómo actuar y surgen en nuestra mente dudas. Buscamos y valoramos distintas alternativas, también sus posibles consecuencias, y elegimos la que nos parece más adecuada, sopesando detenidamente pros y contras antes de tomar una determinación. No siempre es fácil ni siempre lo hacemos con un 100 % de seguridad. Es cierto que la vida, a veces, trae situaciones cuya solución nos surge de forma clara en nuestra mente pero no es lo habitual y muy a menudo hemos de asumir que nuestras decisiones habrán de ser tomadas tras un adecuado análisis de las opciones y, aún así, no siempre con niveles de certeza absolutos. Estas serán las ocasiones en las que, previamente a tomar una determinación, nos pre – ocupamos de cara a afrontar mejor la situación.

Tanto unas como otras son formas de valorar una situación determinada de manera práctica y funcional, acabando por tomar una determinación que nos permite actuar y encontrar solución al problema. A menudo acertamos con ésta aunque otras veces la solución encontrada nos lleva a error y nos equivocamos. Aún así, ambos resultados nos van a permitir aprender, acertando con la solución en el primer caso o corrigiendo nuestro error y teniendo en cuenta la información obtenida del mismo, para poder más fácilmente la próxima vez acertar con la solución adecuada.

Lamentablemente hay también muchas ocasiones, por no decir muchísimas, en que la persona se atasca en la duda y en el eterno cuestionarse sobre la mejor opción a elegir ante una determinada situación o problema. Valoramos y revaloramos, sopesamos una y otra vez los pros y contras, buscamos y no encontramos aquella solución que nos deje tranquilos y seguros de nuestra decisión. En esas ocasiones nos preocupamos de una manera no funcional o inadecuada, de forma circular sin salir del problema y acabando aún más confusos e inseguros de nosotros mismos.

Lo disfuncional o inadecuado de esta forma de proceder parte de la no aceptación interior del hecho de que no todas nuestras decisiones han de ir acompañadas de un nivel de seguridad del 100 %. Es cierto que a ese nivel nuestra tranquilidad es mucho mayor pero en absoluto es realista asumir que siempre vamos a encontrar situaciones o problemas de tan clara y evidente solución. En nuestra vida habremos de tomar muchas decisiones y proceder a actuar e intentar resolver situaciones conflictivas con niveles de seguridad bastante menores y asumiendo la posibilidad real y existencia de una cierta probabilidad de error. No quedamos tan satisfechos como en el caso anterior, esto es cierto también, pero sí nos va ayudar a madurar y aprender a afrontar algo muy habitual y normal en la vida de una persona: la frustración cuando algo no sale todo lo bien o “bordado” que quisiera.

Continuar con la preocupación, en estos casos, sin atrevernos a tomar una determinación va a impedir que avanzemos, atascados en el problema, y generando un gran malestar personal. Este malestar se manifiesta en forma de síntomas de ansiedad  e insatisfacción, desconfianza en la propia capacidad de resolver nuestros problemas y, por ende, cierta afectación a nivel de autoestima si así procediéramos de forma habitual. En estos casos convendrá aprender a fortalecernos psicológicamente a nivel de autoestima y desarrollo personal.

Sin comentarios

Añadir un comentario